Mariette
niña vidente
en 1933

DESCRIPCION DE LA VIRGEN

 

Mariette describe a la Virgen:
“Era tan bella… tenía un rostro tan hermoso, con un bonito tono rosado en las mejillas (como también a veces tengo yo), un rostro delicado, tan joven, con una pequeña nariz muy fina; parecía una jovencita de 18 o 19
años.”

La Señora era de poca estatura, alrededor de cinco pies. Mariette nunca había visto antes a nadie tan hermoso. No vestía como las señoras de la aldea sino que usaba un vestido largo y  blanco con una banda azul. Uno de sus pies se podía ver. Estaba descalza, con solo una rosa de oro sobre los dedos de los pies.  Por el frío ella debía estar congelándose. Mariette se dio cuenta de que ella estaba elevada sobre la tierra, parada, como en una nube. No parecía tener nada de frío.

Luz, juventud, belleza, rostro risueño, vestido blanco, lazo azul, cara inclinada.

Marieta obligó al artista que la pintó a recomenzar cinco veces.

-La primera vez exclamó: “¡Oh, qué fea!”

– La segunda vez: “¡Se ve muy vieja!,.., además no es este pie que yo veía”.

-La tercera vez: “¡Es mejor!”

Pero con el lápiz Marieta corrigió los detalles, las mangas y el cuello del vestido demasiado abierto, el lazo demasiado largo, además ni el color blanco ni el azul eran así.

-La cuarta vez, restregándose los ojos, dijo: “Pero yo veía sus ojos –y agregó con respecto a la sombra del vestido- no, todo era luz” (el pintor no había comprendido que la Virgen no era iluminada desde afuera, sino que la luz irradiaba desde adentro).

El artista, impactado con todas estas indicaciones, trabajó de todo corazón, sin dudar un segundo de la realidad de la aparición y puso todo su arte para traducir la visión, por el dibujo y el color.

El 13 de Abril de 1933, cuando Marieta entró en la casa parroquial y se encontró frente a la pintura definitiva, quedó un momento estupefacta y después murmuró: “¡Oh, qué hermosa!… Si, qué hermosa es”. Algunos meses más tarde, confidenciaba: “Si fuera artista no podría hacerlo mejor”