DEVOCIÓN A MARÍA
VISITAS A LA SANTÍSIMA VIRGEN
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Dulce Madre, no te alejes,
tu vista de mi no apartes,
ven conmigo a todas partes
y solo nunca me dejes:
ya que Tú me quieres tanto
como verdadera madre,
haz que me bendigan el Padre.
el Hijo y el Espíritu Santo.
 
 
Virgen de la adopción (detalle)
de Jean Auguste Dominic Ingres. 1858

ORACIÓN PARA LA VISITA 1ª

¡Dios te salve, Maria, llena eres de gracia, el Señor es contigo! ¡ Dios te salve, esperanza del indigente, Madre de los que no tienen madre! ¡Oh, Maria! Cuando mi corazón quebrantado gime, cuando mi alma está envuelta en tristeza y espanto, cuando el viento de las tentaciones se desencadena, cuando la tormenta de mis pasiones estalla en el corazón, cuando mis pecados me hayan cerrado las puertas del cielo y me hayan robado la amistad de mi Dios; en esta hora de tribulación y angustia, ¿a quién acudiré sino a tu Nombre bendito, bienaventurada María, consuelo de afligidos y refugio de pecadores?

¡Oh, Maria! Tú eres verdaderamente la Estrella del mar que salva a todos los que en él peligran, y levantan hacia Ti sus ojos. Te llamo hoy en mi socorro, ¡oh, misericordiosísima Madre de Dios! y corro hacia Ti con la confianza del niño que se refugia en los brazos de su madre. Ábreme los tuyos, dame el derecho de asilo en tu Corazón, dime esas dulces palabras: “No temas, soy tu abogada; hablaré por Ti; como una madre consuela a su hijo afligido, te consolaré”. ¡Oh, Madre mía! Di estas palabras y la paz volverá a mi alma. Ven, ¡oh, Maria! ven, con la dulzura que te acompaña siempre, a visitarme en mis penas. Ven a reanimar mi valor, ven a traerme la gracia de Jesús, y que tu Nombre, lleno de gracia, sea con el Nombre de Jesús el último nombre que pronuncie en la tierra. Amén.
 

Concluir la visita con tres Avemarías, diciendo al final de cada una:

Santa Madre de Dios, ruega por mí.
 
ORACIÓN PARA LA VISITA 2ª

Inmaculada Virgen y Madre mía, María Santísima, a Vos que sois la Reina del mundo, la Abogada, la Esperanza y el Refugio de los pecadores, recurro en este día yo que soy el más miserable de todos. Os venero, gran Reina, y os agradezco todas las gracias que hasta ahora me habéis hecho, especialmente la de haberme librado del infierno que tantas veces he merecido.

Os amo, Señora amabilísima; y por el amor que os tengo, prometo serviros siempre y hacer todo lo posible para que de los demás seáis también amada.

¡Oh Madre de misericordia! aceptadme por vuestro siervo y acogedme bajo vuestro manto; y ya que sois tan poderosa para con Dios, asistidme en todas las tentaciones, alcanzadme fuerzas para vencerlas hasta la muerte.

Os pido el verdadero amor a Jesucristo y de Vos espero la gracia de una buena muerte. ¡Oh Madre mía! por el amor que tenéis a Dios, os ruego que siempre me ayudéis.

Amparadme, en especial, en mis últimas horas y no me abandonéis hasta que me veáis seguro en el Cielo, donde pueda bendeciros y cantar vuestras misericordias por toda la eternidad. Amén. Así lo espero. Así sea.

Os pido de corazón que seáis, oh Madre mía, mi refugio, amparo y guía en toda tribulación.
 

Concluir la visita con tres Avemarías diciendo:

1. Oh Virgen Purísima, alcanzadme la pureza contra los escándalos de este mundo lleno de pecados. Avemaría.

2. Oh María pacientísima, alcanzadme paciencia en mis penas y tribulaciones. Avemaría.

3. Oh María amabilísima, alcanzadme gracia para salvar eternamente mi alma. Amén. Avemaría.