Apocalipsis 12:1-6

En el Apocalipsis (12:1-6) se desarrolla un pasaje singularmente aplicable a Nuestra Bienaventurada Madre:
Apareció en el cielo una señal grande, una mujer envuelta en el sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas, y estando encinta, gritaba con los dolores de parto y las ansias de parir. Apareció en el cielo otra señal, y vi un gran dragón de color de fuego, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y sobre las cabezas siete coronas. Con su cola arrastró la tercera parte de los astros del cielo y los arrojó a la tierra. Se paró el dragón delante de la mujer que estaba a punto de parir, para tragarse a su hijo en cuanto le pariese. Parió un varón, que ha de apacentar a todas las naciones con vara de hierro, pero el Hijo fue arrebatado a Dios y a su trono. La mujer huyó al desierto, en donde tenía un lugar preparado por Dios, para que allí la alimentasen durante mil doscientos sesenta días.
La posibilidad de que este párrafo pueda aplicarse a María se basa en las siguientes consideraciones:
  • Al menos parte de los versos se refieren a la madre cuyo hijo va a gobernar las naciones con vara de hierro; según el Salmo 2:9, éste es el Hijo de Dios, Jesucristo, cuya madre es María.
  • Fue el hijo de María quien “fue llevado ante Dios, y a su trono” en el momento de su Ascensión a los cielos.
  • El dragón, o el demonio del paraíso terrenal (cf. Apocalipsis 12:9; 20:2), se esfuerza por devorar al Hijo de María desde el primer momento de su nacimiento, despertando la envidia de Herodes y, más tarde, la enemistad de los judíos.
  • Debido a sus indecibles privilegios, María puede ser descrita perfectamente como “envuelta en el sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas”.
  • Es cierto que los comentaristas entienden generalmente que el pasaje completo se aplica literalmente a la Iglesia, y que parte de los versos concuerdan mejor con la Iglesia que con María. Pero debe tenerse en cuenta que María es a la vez una figura de la Iglesia y su miembro más conspicuo. Lo que se dice de la Iglesia, en cierto modo se puede decir también de María. Por ello el pasaje del Apocalipsis (12:5-6) no se refiere a María como una mera adaptación (108), sino que se aplica a ella en un sentido verdaderamente literal que parece estar parcialmente limitado a ella y parcialmente extendido a toda la Iglesia. La relación de María con la Iglesia esta bien resumida en la expresión “collum corporis mystici” aplicada a Nuestra Señora por S. Bernardino de Siena. (109)
El Cardenal Newman (110) considera las dos dificultades contrarias a la interpretación anterior de la visión de la mujer y el niño: primero, se dice que está escasamente apoyada por los Padres; segundo, es un anacronismo atribuir a la era apostólica tal cuadro de la Madonna. En cuanto a la primera objeción, el eminente escritor dice:
Los cristianos nunca fueron a las Escrituras en busca de pruebas de sus doctrinas, hasta que se produjo esa necesidad real, debido a la presión de las controversias; si en aquellos tiempos la dignidad de la Bienaventurada Virgen era indudable por parte de todos, como un asunto de doctrina, las Escrituras continuarían siendo un libro cerrado para ellos en lo que respecta a la argumentación del asunto.Después de desarrollar en profundidad esta respuesta, el cardenal continúa:

En cuanto a la segunda objeción que he considerado, lejos de admitirla, me parece que está elaborada sobre un simple hecho imaginario, y que la verdad del asunto se encuentra justo en el lado opuesto. La Virgen y el Niño no es una simple idea moderna; al contrario, ha sido representada una y otra vez, como sabe cualquiera que haya visitado Roma, en las pinturas de las catacumbas. María está ahí dibujada con el Niño divino en su regazo, ella con las manos extendidas en oración, él con sus manos en actitud de bendecir.