Nican Motecpana

Trátase de un documento, al igual que el Nican Mopohua, escrito en lengua náhuatl. Es obra del fecundo autor e historiador mestizo Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, quien lo escribió en 1590, autoría que consta por el testimonio de D. Carlos de Sigüenza y Góngora.

Su nombre procede de las primeras palabras con que comienza su texto: “Aquí se pone en orden…” Es un valioso documento que complementa al Nican Mopohua y proporciona rica información sobre la persona misma de Juan Diego Cuauhtlatoatzin, su esposa María Lucía y el tío de Juan Diego: Juan Bernardino. Asimismo, narra algunos milagros de la Virgen de Guadalupe.

Sintéticamente, el Nican Motecpana narra que, tras las apariciones, Juan Diego se fue a vivir a una casita junto a la ermita, dejando su propia casa y tierras a su tío Juan Bernardino. Refiere, asimismo, que Juan Diego era viudo cuando se le apareció la Señora del Cielo, habiendo muerto dos años antes su esposa María Lucía, con quien había vivido castamente. Relata igualmente la peste que asoló la región en 1544 debido a la cual murió el tío Juan Bernardino, el 15 de mayo, no sin antes haber éste recibido la visita y consuelo de la Virgen de Guadalupe. A la muerte de Juan Bernardino, fue llevado su cuerpo al Tepeyac para ser sepultado dentro del templo de la Señora de Cielo; tenía 86 años.

Tiempo después, en 1548 (el mismo año en que murió Fray Juan de Zumárraga), murió también Juan Diego, tras 16 años de servir a la Virgen. Tenía alrededor de 74 años. Fue sepultado, como su tío, dentro del templo.

De igual modo, el Nican Motecpana menciona “incontables milagros”, describiendo concretamente 14 atribuidos a la intercesión de la Virgen de Guadalupe.

Diversos hechos que narra el Nican Motecpana han podido ser verificados históricamente por fuentes históricas independientes, así como por el testimonio de distintos cronistas. Documentos como los Anales de Puebla y Tlaxcala, los Anales de Catedral, el Añalejo de Bartolache [vid. supra] o el Códice 1548 o “Escalada” [vid. infra], coinciden al situar la muerte de Juan Diego en 1548.

FUENTE: Biblioteca Pública de Nueva York. Col. Lennox. Monumentos Guadalupanos, extraído de Página oficial de la Virgen de Guadalupe.


Testimonio de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl respecto de favores a los habitantes de Teotihuacan

Esta noticia se halla referida en el Nican Motecpana, documento del que ya hemos hablado (vid. supra) y en la Historia Eclesiástica Indiana del franciscano Gerónimo de Mendieta. Posteriormente, en 1649, Lasso de la Vega aprovechó la anécdota, englobándola dentro de su libro Inin Huey Tlamahuizoltica. De esta última obra, transcribimos el pasaje en cuestión, en traducción de Feliciano Velázquez:

“Al principio, cuando se apareció la preciosa imagen de nuestra purísima Madre de Guadalupe, los habitantes de aquí, señores y nobles, la invocaban mucho para que los socorriera y defendiera en sus necesidades; y a la hora de su muerte, se entregaban completamente en sus manos. Uno de éstos fue don Francisco Quetzalmamalitzin, señor de Teotihuacan, cuando se destruyó el pueblo y quedó desamparado, porque se opusieron a ser privados de los frailes de San Francisco.

Quería el señor visorrey don Luis de Velasco que los tuvieran a su cargo los frailes de San Agustín; lo que estimaron los vecinos como una gran molestia. Don Francisco, el señor, y sus cortesanos no más andaban escondiéndose, porque en todas partes los buscaban. Al cabo, vino a Atzcapotzalco, y secretamente se llegaba a rogar a la celestial Señora de Guadalupe que inspirase a su querido hijo el visorrey y a los señores de la Audiencia Real, a fin de que fuesen perdonados los vecinos; que pudiesen volver a sus casas y que de nuevo les fuesen dados los frailes de San Francisco. Así sucedió exactamente: se perdonó a los vecinos, al señor y a sus cortesanos; otra vez les dieron frailes de San Francisco, que a su cargo los tuviesen; y todos volvieron a sus casas, sin ser ya por eso molestados. Lo cual sucedió en el año de 1588. También, a la hora de su muerte, se encomendó don Francisco a la Señora del Cielo, nuestra preciosa Madre de Guadalupe, para que diera favor a su alma; y le hizo manda en su presencia, según aparece de los primeros renglones de su testamento que fue hecho a dos de marzo del año de mil y quinientos y sesenta y tres.”

El testamento mencionado es el de Francisco Verdugo Quetzalmamalitzin, ya mencionado arriba