Octava Aparición.
Jueves, 2 de marzo de 1933:
“Soy la Madre del Salvador, Madre de Dios. Rezad mucho. Adiós.”

Llueve torrencialmente. A principios del primer rosario, de pronto para de llover, el cielo se aclara, las estrellas brillan. De pronto Mariette se calla, extendiendo los brazos. La Virgen aparece por la octava y última vez. 

La Virgen lucía más hermosa y más sublime que nunca antes en sus visitas. Pero no se sonrió. Su rostro estaba muy serio. Quizás ella también estaba triste porque venía el final. Le dijo a la niña, YO SOY LA MADRE DEL SALVADOR, MADRE DE DIOS. REZAD MUCHO, ADIOS. Con eso, Ella puso las manos sobre Mariette, la bendijo con la señal de la cruz y se fue. Según se iba, las nubes cubrieron el cielo otra vez, y la lluvia volvió a caer implacablemente. Mariette no se daba cuenta de la lluvia que golpeaba su cara y su cuerpo. Se desplomó en la tierra, llorando convulsivamente, repitiendo Santa María mientras lloraba.