Primera Aparición 
Domingo, 15 de enero de 1933:

La Santísima Virgen invita a la niña, con un gesto de su mano, a acercarse a Ella.

El invierno de 1933 fue extremadamente difícil. La nieve y el hielo han invadido la Fagne. Ráfagas frías soplaban por todas las rendijas. 

Una noche oscura, alrededor de las siete de la tarde, Mariette se sentó en la ventana del frente de su casa y mientras cuidaba de hermanito bebe, miraba a fuera, buscando en la oscuridad de la noche por alguna señal de su hermano Julien de años, que tardaba en regresar a casa.

De pronto, percibe a pocos metros de ella, en el huertecito, una señora luminosa, de pie, inmóvil, ligeramente inclinada hacia la izquierda.

Ella relata: “Vi una luz y una hermosa Señora que tenía la cabeza muy iluminada, como si la luz irradiara de su propio cuerpo. Tuve miedo.”

Mariette, con 11 años, tenía una mente muy lógica. No podía comprender la escena que tenía ante sus ojos:

“Me pregunté: ¿Que es eso? Miré con atención, moviendo la cabeza de derecha a izquierda, arriba y abajo; pensé: quizás es el reflejo de la lámpara. Entonces la puse al otro lado de la mesa”. 

Ya no quedaba duda. En el jardín había una hermosa dama.  

“Entonces tuve miedo y llamé: -¡Mamá!,  ¡Dios mío! ¡Mamá!, veo una dama en el huertecito, va muy bien vestida, muy elegante”

Su mamá, molesta, le dice: 

-“Déjame tranquila. Son estupideces”. 

Marieta se restriega los ojos y con mucha atención observa a la hermosa dama de pie a cabeza. La Señora está un poco inclinada, con las manos juntas y una gran aureola de luz la rodea. Lleva un vestido blanco y cinto azul.

-“¡Dios mío!, ¡mamá!, parece que es la Santísima Virgen”.

Su mamá respondió cínicamente: “Claro, tal vez es la Santísima Virgen”.

La señora Beco, sin embargo, queda extrañada. Sabe que su hija no habla de esas cosas. Hace tres meses que no ha puesto un pie en la Iglesia. ¿Tendrá fiebre?.

La niña insistió que su mamá fuera a la ventana para que viera por si misma. Después de mucha insistencia, pero sintiéndose como una tonta, Louise fue hacia la ventana, levanta la cortina y mira hacia afuera. Vio algo, como una silueta luminosa, pero no pudo distinguir ninguna figura. Atemorizada, se aparta de la ventana y dice a su hija: “Es una bruja”.  

-“¡Mamá, te digo que es la Virgen… me sonríe!, ¡qué bonita es!”

La niña notó que la Señora tenía un rosario colgando de la banda azul. La cruz era del mismo color oro que  la rosa sobre sus dedos. Mariette fue a una gaveta y buscó un rosario que se había encontrado en la carretera de Tancremont y reza mientras contempla la aparición maravillada.  

Los labios de la Señora se movían, pero ella no decía nada que Mariette pudiera oír. La niña queda cautivada de corazón por la dulce sonrisa de la Virgen. Después de unas pocas decenas, la Señora levantó su mano derecha y le hizo señas a Mariette con el dedo para que saliera afuera. La joven le dijo a su mamá lo que la Señora quería, y le pidió permiso para ir afuera.

La madre, creyendo que era una hechicería, se opone y cierra la puerta con llave. Mariette entonces vuelve a la ventana pero la Virgen ha desaparecido. La niña se queda allí rezando un rato mas. 

Ella no podía sacarse la visión de su mente. Seguía volviendo a la ventana para ver si la hermosa Señora había regresado, pero no regresó. Pronto, su hermano Julien llegó a la casa. Ella le dijo lo que había sucedido mientras lo estaba esperando. Su reacción fue igual a la de su mamá, solo que aun mas brusca. Sus comentarios variaron desde “Eres una tonta” a “Tú estás loca.” Así, rechazada y sola ante su encuentro con la Virgen, Mariette va a dormir. 

Reflexión:
El Virgen llama a Mariette. Señor nos llama a salir de nuestra comodidad al encuentro con El.

El Señor a Abraham: “Sal de tu casa” Gen. 12,1
-“Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguien escucha mi voz y me abre, entraré a su casa a comer, Yo con él y él conmigo” Ap 13,20.

 


A

La mañana siguiente Mariette contó todo a su padre. Su respuesta inicial fue: “Tonterías. Tú estás loca.” Pero su curiosidad había sido despertada pues notaba la sinceridad de su hija que no era dada a la mentira ni había sido nunca fantasiosa. La niña no retrocedió ante la reacción de su familia.

Después que Mariette se había ido a la escuela esa mañana, Julien le pidió a su esposa que le mostrara el lugar exacto donde ella había visto la forma blanca. Entonces, esa tarde, trató de vanas formas de volver a crear las condiciones de la noche anterior, para encontrarle una explicación lógica a lo que su hija declaraba ver. Puso la lámpara de aceite en diferentes posiciones, pero la luz nunca brilló en el jardín, solamente en el camino. 

Ese mismo día, el lunes, 16 de enero, Mariette va a la escuela.  No lo cuenta sino a su mejor amiga, Josefina Leonard:  -“¿Sabes la noticia?, he visto a la Virgen”. 

Su amiga, primera del curso , se burla diciendo: -“¿Acaso estás enferma?”. 

Mariette se pone a llorar; esta reacción sorprende a su amiga que se puso a pensar que podría ser verdad.

La amiga le pregunta: -“¿en serio?, ¿como era?, ¿cómo estaba vestida?”

Mariette le cuenta: “Era una Señora muy hermosa, con un vestido blanco, una faja azul en la cintura, un rosario colgado del brazo, la cabeza inclinada hacia la izquierda y una rosa sobre el pie derecho”.

Ante el sacerdote, Padre Louis Jamin

-La amiga le aconseja: “Habría que decírselo al sacerdote”.

Al salir de la escuela a las cuatro de la tarde, las dos niñas fueron donde el sacerdote. Marietta le dice a Josefina: “¡Díceselo!”. Pero Josefina no se atreve hasta que el sacerdote le pregunta: ¿Que dijo Mariette?.

-“Mariette dice que ha visto a la Virgen”.  Mariette, espantada, salió corriendo. Josefina continua sola narrando la historia que su amiga le había contado. 

El sacerdote respondió: -“¡Oh, seamos prudentes, no es tan fácil ver a la Virgen. Seguramente Mariette habrá oído hablar de los niños de Beauraing, a los cuales, según dicen, se les ha aparecido en estos días la Virgen y debe creer que ella también ve”. El sacerdote le dijo que no hablara con nadie sobre eso y la despidió. 

Josefina le cuenta a Mariette, que esperaba afuera, la respuesta del padre. Ella se queda desilusionada y golpea el piso diciendo: “sin embargo, es cierto, la he visto”.

Esa noche, el padre de Mariette buscaba en su casa una explicación.  Tiró un cubo de agua en el lugar donde su esposa y su hija habían visto algo. Después de que se había congelado, trató de que la lámpara de aceite reflejara su luz en el hielo, pero no pudo duplicar lo que Mariette y la mamá habían visto. Así quedó mas preocupado que antes.

El lunes y martes la Señora no volvió. Sin embargo la única visita había tenido ya un profundo efecto en la espiritualidad de Mariette. Regresó a sus clases de catecismo el miércoles, recibiendo el material con un entusiasmo renovado. Se aprendió su lección perfectamente. Eso asombró al Padre Jamin, porque Mariette siempre había sido la peor estudiante en la clase.

Después de clase, el Padre le preguntó por qué se había ido el lunes sin haberle dicho lo que ella había visto. Para este tiempo, la niña había tenido tiempo de reflexionar y ya no tenía miedo. Le habló muy calmada, diciéndole exactamente lo que había visto. El Padre Jamin, por su parte, no despreció lo que ella declaraba. Solo le dijo que le rogara a Nuestra Señora que la guiara.

Meriette regresa al catecismo
El miércoles Mariette regresa al catecismo después de mas de tres meses de ausencia. El sacerdote se asombra pues, a pesar de la ausencia, responde bien a las preguntas. Es la primera vez que esto ocurre. Es un cambio repentino. El sacerdote llama a Mariette a su oficina y, sin querer darle importancia al asunto, le pregunta sobre su experiencia mientras cuidadosamente lo anota todo. La niña es perfectamente coherente. No hay contradicciones en su testimonio. Esa misma semana el Padre transmite un informe completo a su obispo.