En medio de un clima de absoluto recogimiento, cientos de miles de peregrinos acompañaron al Papa Juan Pablo II en su encuentro personal con la imagen de la Virgen de Fátima, ante la que rezó en silencio durante varios minutos y luego oró para que el mundo sea santo.

Siempre de rodillas ante la imagen, el Santo Padre dirigió sus primeras palabras a los peregrinos en medio de una emotiva oración.

A continuación reproducimos las palabras del Pontífice que fueron intercaladas con cantos:

“Feliz por encontrarme nuevamente aquí en este lugar sagrado de Fátima, saludo a todos los peregrinos presentes que han llegado aquí unidos y a todo el pueblo de Portugal, a quienes invito a acompañarme con sus mentes y corazones para la gloria de Dios, la misma gloria de Dios que ha inundado a dos hijos de esta tierra, Francisco y Jacinta, que han tenido la alegría de ver con la voluntad de Dios a la Virgen.

Que le llegue a Dios Omnipotente nuestra oración de acción de gracias. Cuánto me alegra ver aquí los frutos de la santidad en esta bellísima ciudad lusitana. Hace 83 años, la imagen de la Madre de Jesucristo vino aquí a buscar estos frutos de santidad y ahora queremos ofrecerlos a Dios, que nos ha ayudado a soportar todos los sufrimientos vividos y ahora nos bendice. Le suplicamos para que tengamos los ojos fijos en la gloria de Dios, como los niños Francisco y Jacinta que no tuvieron miedo de recibir a ese don, ese presente. La Virgen María se presentó frente a ellos y ellos respondieron que sí aceptaban los frutos de la santidad. De la misma forma esperamos ver a Dios en nuestra alma, en nuestros corazones.

Madre de Dios y de los hombres, que la beatificación de los pastorcillos Francisco y Jacinta sean una honra para ti, esta es una invitación a todos los cristianos para que estén presentes en esta consagración teniendo en cuenta que Dios nos acompaña y recemos para que Dios pueda perdonarnos y reine la paz en el mundo.
Roguemos a la Virgen rezando juntos el Ave María.

Que sobre todos vosotros, hijos de Portugal, puedan llegar todas las bendiciones de Dios y de la Virgen Santísima que hace dos mil años envió a su hijo al mundo, hijo que había concebido en su seno”.