TIPO Y MODELO DE RESPUESTA A DIOS

En el Saludo a la Virgen aparece una invocación poco común, que debió de antojárseles inverosímil a los copistas de los antiguos manuscritos, y se tomaron la libertad de modificarla. Pero la crítica textual la ha restablecido en su forma original: Ave Domina…, quae es virgo Ecclesia facta, esto es: Virgen hecha Iglesia.[7]

Semejante concepto teológico no era extraño a la tradición patrística, tradición que ha recogido el concilio Vaticano II para afirmar: «La Madre de Dios, como ya enseñaba san Ambrosio, es tipo de la Iglesia, por lo que hace a la fe, a la caridad y a la perfecta unión con Cristo… En tanto que la Iglesia ha alcanzado ya en la beatísima Virgen la perfección, con la cual ella es sin mancha, los fieles se esfuerzan todavía por crecer en la santidad luchando contra el pecado; por esto elevan sus ojos a María, que refulge como modelo de virtud ante toda la comunidad de los elegidos…» (LG 63 y 65).

Así se comprende por qué Francisco asocia al Saludo a la Virgen el de «todas las santas virtudes que, por gracia e iluminación del Espíritu Santo, son infundidas en los corazones de los fieles»; María, en efecto, es cifra y modelo de toda virtud. Santa Clara escribe a santa Inés de Praga, en un contexto muy semejante al de la carta de san Francisco a los fieles sobre la morada de la Trinidad en nosotros:

«A la manera que la gloriosa Virgen de las vírgenes llevó a Cristo materialmente en su seno, así también tú, siguiendo sus huellas, especialmente las de su humildad y pobreza, puedes llevarlo siempre espiritualmente en tu cuerpo casto y virginal…» (3CtaCl 24-25).

Clara proponía a la Virgen María como modelo de entrega a Dios y de fidelidad a Cristo, pero las hermanas y los demás vieron en ella una perfecta imitadora de la misma santa Virgen. Dei Matris vestigium -impronta de la Madre de Dios- la designan el autor de la Leyenda y el antiguo oficio litúrgico; con el tiempo, lo mismo que Francisco fue llamado alter Christus, Clara será celebrada como altera Maria.[8]