de las Bodas de Caná. Alusión a María como la Intercesora por excelencia ante su Hijo, solicitando remedio en la necesidad, sin que sus hijos lo pidan (imagen preciosa del Creador, dando el “Remedio” de la culpa, sin ser pedido por nuestros primeros padres); Ella lo obtuvo con su “Omnipotencia Suplicante” cuando “aún no había llegado la hora”, pues el Hijo quiso concederlo a su Madre (por aquello de “pedid y recibiréis”, en lo que Ella se mostró como Discípula “adelantada”); y comenta el Evangelio, que gracias a este “signo” (María) Cristo nos reveló su gloria; la misma advocación, considera igualmente a María como Maestra y Predicadora, pues da a conocer que quien concede es “el Señor” y adoctrina con la autoridad que brota de su misma predicación, al decir “haced lo que Él os diga”. (Ver Mater et Magistra).